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Detective Pikachu”, la nueva superproducción de Warner Brothers que estrena hoy en Puerto Rico, utiliza un lienzo cinematográfico tan amplio que es como ver cinco películas en una. Esto crea un problema particular de cohesión artística, donde solamente una de esas películas funciona y solo la forma más simple posible.

Este es un trabajo que quiere trasladar el universo de los Pokemon a la pantalla grande y delinea un misterio que se entrelaza con un drama emotivo que es interrumpido constantemente por momentos de fantasía y ciencia ficción.

Uno pensaría que la mezcla de todos estos elementos resultaría en un filme con suficiente chispa para compensar la ausencia de cohesión artística. Sin embargo, una de las debilidades más grandes de esta película es que su equipo de producción parece estar convencido de que lo que plasman en pantalla es mucho más emocionante de lo que en realidad es. Decir que el filme es aburrido no es completamente injusto, pero cada escena es como si el director Rob Letterman (“Gulliver’s Travels”) hubiera cambiado opinión del tipo de película que trata de hacer. El resultado es disparejo y accidentado.

Durante el filme, la ambición de juntar códigos cinematográficos resulta en que los integrantes del elenco principal estén en frecuencias diferentes. De ellas, la más efectiva es la que usa el actor Justice Smith.

Su interpretación de un joven que necesita la ayuda de un Pokemon para resolver la desaparición misteriosa de su padre, constantemente desafía la noción que esta es una película sin corazón que se conforma con presentar a los humanos como caricaturas. La integridad y la efectividad de la interpretación de Smith eleva la parte de la película que se apoya en crear una dinámica de pareja dispareja entre su personaje y un Pikachu con amnesia que se expresa con la voz y el sentido del humor sagaz de Ryan Reynolds.

El resto del elenco parece estar en otra órbita. Ken Watanabe, como el compañero del policía desaparecido, carga la misma melancolía que destacó su trabajo en “Godzilla”, tono que choca el Pokemon animado que acompaña todas sus escenas. Mientras que Suki Waterhouse interpreta a una ambiciosa periodista que quiere destapar un complot que busca destruir las relaciones entre los humanos y los Pokemon como si estuviera participando en un show abstracto para el Disney Channel.

Aun con todas estas debilidades, el filme milagrosamente logra aterrizar en un viraje sorpresa que valida los esfuerzos de Smith y la relación que se ha trabajado con el Pokemon titular.

Esta sorpresa invita a ver la jornada con nuevos ojos y le da un cierre satisfactorio al filme. Aun así resulta difícil determinar quién del público quedará completamente satisfecho con esta película.

Los fanáticos de las encarnaciones previas de Pokemon se toparán con un filme en el cual la mayoría de estas criaturas no tienen un impacto en la trama principal. Mientras que el espectador casual se enfrentará a un filme muy lejos de ser una versión moderna de lo que Robert Zemeckis hizo en 1988 con “Who Framed Roger Rabbit?”.